“Esto es lo que hay”

“Esto es lo que hay”…, muchas veces escuchamos o pronunciamos esta frase ante situaciones en las que se asoma el dolor o la injusticia a nuestra vida. Lo hacemos con ese suspiro soterrado que denuncia el peso del daño, la incomprensión de lo absurdo.

Mencionamos las palabras con el deseo de que al decirlas, de alguna forma desaparezca eso indeseado que se ha colado a nuestro corazón y nos ha abierto una herida.

La aceptación abre la puerta a la libertad y nos eleva, nos trasciende y nos hace grandes, sin embargo atravesamos en muchas ocasiones un desierto mucho más hostil: el de la resignación. Esa resignación que delata que nos aguantamos a la purita fuerza con lo que acontece…

Tal vez llegaremos a aceptar con el esfuerzo de los supervivientes. Tal vez lo consigamos por pura dignidad o porque nos rescata el amor a la vida.

La cuestión es si todos estos esfuerzos de caernos y levantarnos, de transitar por parajes áridos y desoladores, no se podría evitar con el CUIDADO. Ese cuidado que huele a lealtad y a deseo de atender, ese cuidado de tener en cuenta, de usar palabras amables y amorosas, el cuidado de agradecer y reconocer lo que viene de la mano de quien nos ama y venerar esa entrega.

El cuidado de no aumentar el dolor de nadie con nuestra indiferencia y el cuidado de no dejar de hacer aquello que sabemos que consuela, alivia y resucita.

Debemos madurar para sostener lo que nos trae la vida y no negar su circuito, aceptar que la vida y la muerte andan juntas y que la presencia de la enfermedad y el camino del envejecimiento son realidades que hay que acoger.

Ahora bien ¿estamos preparados para aceptar que nos traicionen aquellos en quienes depositamos el amor y la confianza?, … quizás para eso no lo estamos … y será porqué eso podría evitarse, será porque si el cuidado guiara nuestras acciones todos seríamos mucho más felices…

Mirar con atención quizás sea el primer paso para que las relaciones sean fértiles.

Mirar con mirada de atravesar nos acerca sin duda al alma de quien miramos. Sin mirada que quiere comprender, averiguar, comprobar y cuidar no se puede AMORAR y amorar es importante porque es rodear de amor por todas partes. Cultivemos la mirada del corazón, al final las cosas son de quién las mira con valoración, deseo y amor.

“Las cosas son del que las mira y las sabe apreciar y las  entiende y es capaz hasta de hablar con ellas,

así que la colina del faro era mía,

igual que el mar,

con todas las nubes y estrellas que le nacen encima

y las mariposas y las gaviotas

que surcan el aire y se posan donde les da la gana,

y para que fueran mías todas esas cosas

no necesitaba meterlas en casa.”
Carmen Martín Gaite, La Reina de las nieves, Anagrama, 1994.

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